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martes, 1 de mayo de 2012

EL RIVAL


Ya está ahí otra vez. ¡Qué pesado! Cada día me lo encuentro al salir de casa, a la misma hora, cuando me dispongo a rodar un ratito. Casualidad o no, parece que coincidimos en los días de “entreno”. ¡Qué cosas! Encima lleva una bici como la mía. Y además, como siempre también, sin saludarme ni dirigirme la palabra. Ya le vale. Me pongo a su rueda pero manteniendo una cierta distancia. De momento no quiero que se pique, de momento… Y es que, como cada martes o jueves que salimos, hacemos siempre también la misma ruta. Él va a su bola, sin mirar atrás. Yo le miro de reojo, observando sus movimientos, tanteando mis posibilidades de, una vez por todas, darle un poco de caña, porque últimamente me tiene frito y en cuanto me descuido lo pierdo de vista. Se me va un poco, unos 50 metros. Aprieto un poco para, una vez hayamos salido de la ciudad y a carretera abierta, poder ponerme a su rueda, si me deja. Parece que está fuerte. Le sigo, le sigo. 10 metros y ya lo tengo. Me pongo a su lado pero tampoco le digo nada, ni se inmuta. ¡Qué carácter! Y sigue callado, dándole fuerte a los pedales. Pero esta vez aquí me tiene y le enseño mi rueda de atrás. Ahora se mantiene pegado a mí. Lo quiero soltar, pero de momento no puedo. A veces, se coloca también a mi lado, desafiante. Intenta rebasarme. No lo consigue. Yo sigo apretando y se pone ahora, otra vez, a rueda. Llega un repecho, fuerte, y el tío me demarra y se larga, no mucho, unos 100 metros y me deja algo frustrado. Sin embargo, aún lo tengo en mi campo de visión. Los dos conocemos muy bien la ruta y sabemos dónde apretarnos. Ya llegará mi oportunidad, ya… La distancia con él va aumentando o disminuyendo, según los caprichos de esta carretera, muy técnica, entretenida y divertida, con continuos cambios de ritmos, subes, bajas, curveas… por eso nos gusta tanto y siempre venimos por aquí. Ya queda poco para llegar a mi terreno favorito, 500 metros de falso llano, con tendencia descendente, donde lo meto todo y ruedo “a fondo”. En efecto, cada vez lo veo más cerca, sigo dándole fuerte a los pedales, ya lo tengo, ya lo tengo… y lo adelanto con tanta fuerza que no le doy opción si quiera a engancharse a mi rueda. Seguramente no me esperaba. Pensaría que estaba más lejos. Yo no le he visto ni la cara. Y tiro para adelante, sin mirar atrás, pero me parece que le estoy dando caña. Sigo, sigo… y venga va, me giro un momento y lo veo lejos, a unos 200 metros. Estoy a punto de acabar el recorrido, este precioso circuito que me he diseñado. Parece que esta vez no “viene”. Yo a lo mío. Mil metros y finalizo. Llego a casa. Ya está. Un “beep, beep”, me alerta y me hace mirar de nuevo a mi GPS, instalado en el manillar: “¡Felicidades! ¡Has ganado!”. Y sonrío con satisfacción. Me acababa de meter dos minutos a mí mismo, o lo que es lo mismo, a mi “compañero virtual”, el que me acompaña día tras día.

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domingo, 22 de abril de 2012

LA RESACA


Foto. A. Epelde ¡Buf, qué mal me he despertado hoy! Me tomo el pulso y aún lo tengo algo acelerado. Menos mal que es domingo, porque la “marcha” de ayer me ha sentado fatal. Tengo un terrible dolor de cabeza, producido sin duda por el tremendo esfuerzo que me supuso ayer estar a un nivel muy alto para acabar con un buen tiempo la prueba, pero sobre todo para salir a todos los palos que me dieron mis colegas. Ya les vale. Claro que la culpa es mía, a mí quién me manda meterme en esos fregaos. Y es que siempre me digo lo mismo, que la próxima vez pasaré de ellos y que me lo tomaré con más calma, rodando con otros amigos digamos más tranquilos. Pero es que, cuando luego me veo en faena, no lo puedo remediar y al final me veo respondiendo a todos los hachazos. Qué le voy a hacer. No me tendría que picar tanto. Por eso estoy hoy así, por mi mala cabeza. Aún tengo un cierto regusto, con sabor a sangre, en la boca. Y no paro de beber agua. ¡Vaya tralla que dimos ayer! Y me duele todo. Estoy cansadísimo, sobre todo las piernas. Cómo duelen cuando bajo las escaleras… Me parece que me voy a pasar el día en la horizontal. Además tampoco he pasado buena noche. De lo cansado que estaba me costó mucho coger el sueño y no he dormido bien. No sabía qué postura coger. Creo que sólo me levantaré a comer, aunque tampoco tengo mucha hambre. Si ingiero algo será para poder tomarme algún antiinflamatorio, a ver si recupero algo, que mañana hay que ir a trabajar. Y es que… ¡vaya desastre! No es el primer domingo que me arrastro por casa. Esto no puede ser. Ni debe ser sano, para nada. Aún me siguen dando pinchazos en la cabeza. Encima ayer pasamos un calor de la leche y me parece que estoy algo deshidratado. He orinado y es un poco oscura. Hay que beber más. Me miro en el espejo y me veo negro, con ojeras y negro. Me dio fuerte el sol ayer. Tengo marcas por todos lados, en los brazos, en las piernas, hasta la cinta del casco se me ha quedado marcada en el cuello. Parezco un cromo. Me vuelvo a la cama. Me gustaría seguir la carrera que dan hoy por la tele, aunque me parece que como vea más bicis me voy a encontrar peor. Es como esa sensación que te produce, después de un empacho, ver una pastelería. Enciendo la televisión de todas formas. La etapa es llana. Creo que me voy a dormir. Si al menos hoy hubiera montaña… Miro el reloj… ¡he dormido 2 horas de siesta! ¿Sabéis que os digo? Pues que como aún hay bastante luz me voy a dar una vueltecita con la bici. ¡Hala! Para combatir la resaca, lo mejor un paseíto para estirar piernas y eliminar toxinas… ¡qué bien me sienta la bici!


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sábado, 7 de abril de 2012

LA CICLISTA


(Publicado en PEDALIER 46)

Invierno. Son las 8 de la mañana. Ahí afuera hace un frío que pela. Creo que deberemos rondar los 0ºC. Hasta la casa está fría. Enciendo la chimenea. Calor de hogar. Mientras tomo el café me asomo a la ventana a ver si la veo. Mi casa está justo al final de la colina principal que corona el pueblo, una rampa dura de unos 500 m al 10%, pero es que para llegar hasta aquí hay una respetable subida de 5 km al 6%. 

El cielo de un gris plomizo, apenas deja pasar el sol. Observo los árboles desnudos y escucho el sonido del viento, aire frío y molesto del norte, el habitual por estas fechas. La carretera está muy húmeda y me viene un olor intenso a chimeneas encendidas. La verdad es que tengo ganas de verla ya que hace bastante que no pasa por aquí, desde mucho antes de Navidad. Se habrá tomado su merecido mes de descanso, pero como es habitual en ella, hoy es el primer sábado después de las fiestas y seguro que hoy la veo. Siempre inicia su temporada en esta fecha realizando este recorrido ascendiendo este pequeño alto donde yo vivo. 

Se retrasa bastante. Es normal. Seguro que se lo ha tomado con calma. Después del parón invernal, las fiestas y el frío que hace no es para menos. El reloj está a punto de tocar las 9 de la mañana. Parece que se acerca alguien a lo lejos en bici. Tiene que ser ella. En efecto, es mi "amiga" ciclista. No la conozco de nada, pero la he visto pasar muchas veces. Viene muy tranquila, moviendo un desarrollo muy cómodo. Si no fuera porque sé que es ella, casi no la reconocería. Muy abrigada, con un buff que le tapa casi toda la cara y sólo se distinguen sus bonitos ojos detrás de sus gafas claras, su pelo recogido bajo su casco de color metalizado, chaqueta térmica de color amarillo y un culotte largo de invierno ajustado que delatan que estos días ha echado algunos kilillos, no muchos, tres o cuatro. Unos guantes de riguroso invierno y unos botines a juego completan su equipación en estos primeros kilómetros del año. 

La verdad es que debe ser una sensación muy especial salir de casa el primer día del año con la bici y pegar esa primera pedalada, ya sea con la derecha o con la izquierda, que hay para todos los gustos, y completar ese primer kilómetro pedaleando al que le seguirán miles y miles más durante toda la temporada. Hoy mi "amiga", del cual desconozco su nombre, va muy tranquila sobre su blanca y reluciente bici. Seguro que unos días antes de salir le ha dado un buen repaso, engrasándola y limpiándola. 

Llega a mi altura y corona el repecho. Como siempre también gira su cabeza arriba y hacia la derecha como buscándome. Aquí estoy. Me saluda con un ligero y tímido movimiento de cabeza. Le contesto con una sonrisa. Nada más iniciar el suave descenso que viene a continuación ya veo que echa mano del plato grande y se deja caer pedaleando con tranquilidad. Ya no la volveré a ver hasta la semana que viene.

Primavera. La luz del sol me despierta. Las ocho en el reloj. Me hago el café y me asomo rápido a la ventana. La abro y respiro. Hace un fresco agradable. Los árboles empiezan a vestirse de verde y escucho el agradable sonido del canto de las golondrinas revoloteando alrededor de mi casa. Es una bonita mañana de abril con el cielo completamente despejado. Sopla una ligera brisa y en el campo que tengo delante de casa ya florecen las amapolas. Hemos dejado por fin el invierno atrás. 

Hoy seguro que viene con ganas. Ya está aquí. Y viene bastante deprisa. Apena pasa un cuarto de hora de las 8. Lleva dos o tres piñones menos desde la última vez que la vi. La encuentro más atlética y sin duda ya ha dejado por el camino los kilos que le sobraban. Ya lleva culotte corto, mostrando sus bonitas piernas que empiezan a estar ya bastante morenas. Aún va con maillot largo. En las bajadas aún hace fresquito. Ha cambiado sus gafas transparentes por otras oscuras. El sol empieza a pegar. Veo su cara, también ya morenita y se ha soltado un poco su corta melena. Es muy guapa, la verdad, y la veo muy en forma. Va por faena y muy concentrada. Apenas hoy se fija en mí. Aún y así hace un gesto como de saludo. 

No sé ni siquiera si me ha visto o ha intuido que estaba ahí asomado como siempre. Creo que hoy ha debido subir muy rápido, ha coronado, ha puesto plato y se ha lanzado como una posesa hacia abajo. Estos días la veré más a menudo. Hoy es martes, el jueves seguro que vuelve y el sábado también. Está entrenando duro.

Verano. Hoy me he despertado antes de las 8. Son las 7:30. Ya no podía dormir más y no paraba de dar vueltas en la cama. Hace ya mucho calor y eso que duermo con la ventana abierta. El sol está ya bastante alto y el termómetro marca ya 22 grados, lo que promete una jornada de intenso calor. Oigo el canto de las chicharras, tostándose al sol, y a lo lejos campos amarillos de trigo a punto de ser segados. Suerte que aquí arriba tengo estos frondosos árboles que protegen y dan un poco de sombra a mi casa. 

Miro el calendario. Ya estamos a finales de junio. Me asomo a la ventana y giro mi cabeza directamente a la derecha. Ya ha pasado, la veo a lo lejos que ya ha iniciado hace un rato el descenso. Estos días, a no ser que madrugue, sólo la veré por detrás, muy morena, completamente de corto, con su maillot azul y su culotte blanco alejándose como una moto. Hoy seguro que habrá hecho su mejor tiempo subiendo hasta aquí. Ya está preparada.
Hasta el otoño, guapa.

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martes, 31 de enero de 2012

INFIEL


Voy a entrar despacio, no sea que se entere. No me puede ver así. Entraré de puntillas. Necesito reflexionar. No puedo llegar en esta situación, sin haber estado con ella, y que se pregunte “pero tú… ¿de dónde vienes?”. Aunque la ...verdad es que a ella le sabría bastante peor, tanto, que le daría el disgusto de su vida.

Después de tantos años a su lado, con mi compañera americana, esta vez le he fallado.
Hoy he tenido una aventura, una historia nueva para mí. Quizás me hacía falta un cambio de aires o simplemente experimentar nuevas sensaciones. Tenía que probar otras cosas. La rutina, la monotonía, hace que a veces caigamos en tentaciones no deseadas. Puede ser que con el tiempo, y sin darnos cuenta, nos hayamos aburrido el uno del otro, pero nos seguimos queriendo muchísimo.

No en vano han sido muchas las experiencias vividas juntos, muchos esfuerzos compartidos. Una relación que siempre ha resultado muy satisfactoria, muy feliz, con sus lógicos altibajos. Nos hemos reído juntos, hemos gozado de un amor pasional, en el que tampoco han faltado la sangre, el sudor y las lágrimas.

Pero ahora estoy con remordimientos, muchos. Me voy a ir a duchar. Me siento sucio. A ver cómo se lo cuento. Espero que lo entienda. Seguramente no me dirá nada. Mantendrá ese silencio tan profundo que me deja completamente fuera de sitio, como siempre que se enfada conmigo. Aunque esta vez es peor y no sé lo qué va a pasar. No creo que quiera compartirme con nadie. Lógico. Tampoco es mi intención. Ni siquiera me he planteado repetir la experiencia ni mucho menos abandonar a mi compañera. Para nada.

Aunque también sea doloroso, tendré que renunciar a este nuevo amor que me ha surgido.
Todo comenzó hace unos días cuando un amigo me la presentó. Una francesa de muy buen ver, preciosa.
Quizás algo gordita, pero muy bonita. Me quedé prendado de sus curvas, de su atlética belleza. No tardé en pedirle que saliera conmigo.

Hoy lo he hecho y juntos hemos vivido una tarde increíble. Me ha llevado por caminos desconocidos hasta ahora para mí. Me ha hecho disfrutar muchísimo, aunque me ha llevado al límite. Acostumbrado a una relación digamos más tranquila, la experiencia que he tenido a su lado me ha desbocado completamente el corazón. Ha sido como un torbellino de sensaciones. A veces estaba arriba y otras abajo. No me ha dejado descansar en un solo momento y he intentado mantener el tipo como he podido.

Creo que habrá quedado contenta de mis “prestaciones”. Ha sido realmente exigente.
De todas formas, qué queréis que os diga, pensándolo bien esto sólo ha sido un desliz, porque a mí, la que realmente me gusta, y de la que aún sigo profundamente enamorado, es de mi flaca.


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miércoles, 25 de enero de 2012

GIGANTES


Foto: Laurent Rebous

No nos importa lo que digan de vosotros. No os lo merecéis. Vosotros nos hacéis felices, nos hacéis vibrar. Disfrutamos vuestras victorias y nos desconsolamos con vuestras derrotas. No merecéis que se dude gratuitamente de vuestro honor, ni de vuestro esfuerzo y sacrificio. Muchas veces no se acuerdan de las alegrías que nos dais. No tienen memoria. Que pronto se olvidan de las gestas que protagonizáis, de vuestras proezas, de correr día sí y día también al límite de vuestras fuerzas, subiendo y bajando puertos, algunos duros, muy duros, terribles.

Nos emocionáis. Devoráis kilómetros y kilómetros muchas veces a ritmo frenético. Ni siquiera podéis contemplar el paisaje. ¿El paisaje? Seguramente era muy bonito, pero vosotros ni os habéis fijado. No habéis podido. Ya puede llover o hacer frío, o un calor que os achicharre el cerebro debajo de vuestro casco, que vosotros salís igualmente a pedalear.

No os quejáis casi nunca. Y encima os maltratan. Eso sí, siempre os piden batalla y cuando no la hay os critican. Son aficionados de salón. Nunca están contentos. Cuando creen que les habéis fallado os condenan al infierno. Serán los mismos que meses antes os habrán elevado a los altares.

Os controlan siempre. Las 24 horas del día, los 365 días del año. Os miran con lupa. Se os presentan de improvisto, sin avisar, en vuestra propia casa. A cualquier hora, incluso de madrugada. Os incomodan. No son capaces ni de respetar vuestro preciado y escaso descanso. ¿Hasta cuándo vais a aguantar esta situación? Algunos ni siquiera os conocen. Ni a vosotros ni a este deporte. Seguramente muchos ni se habrán subido a una bicicleta. No saben lo que es el esfuerzo. Desconocen lo que cuesta poner una bici a 50 km/h ¡ni que sea en bajada!

Nosotros os seguimos admirando, como siempre. Del primero al último. Hay un dicho que dice que el que gana es un campeón, pero el farolillo rojo es un héroe. Eso es lo que sois para nosotros: unos héroes. Sólo por el hecho de estar ahí ya merecéis todo nuestro respeto, el que os deberían tener esos que dudan de vosotros, los que no os ven como entrenáis y lo que os cuesta estar en la línea de salida. Miles y miles de kilómetros de entreno, ya sea invierno o verano, para "estar ahí".

Esta gente no lo sabe, ni les importa. Dicen que miran por vuestra salud, sin embargo, ¿por qué no se preocupan de humanizar las carreras? ¿Por qué consienten que salgáis con temperaturas extremas a recorrer casi 300 km, en un día en el que además tenéis que subir no sé cuántos puertos de primera? Y además os piden lucha, hasta casi la extenuación. Sois unos héroes.

Viajáis. Os desplazáis de país en país, de vuelta en vuelta, de carrera en carrera, encima cada vez a tierra más lejanas. Solos con vuestros compañeros. Durante casi todo el año. Dejáis atrás familia, padres, hijos, amigos, para concentraros en vuestro trabajo. Qué poco agradecen vuestro sacrificio.

Lleváis vuestro físico al límite. Después de una dura carrera vuestro aspecto lo refleja: os quedáis flacos, casi en los huesos, y la cara quemada por el sol o llena de polvo y barro. Eso si habéis tenido suerte y no os habéis caído. Pero es igual, os volveréis a levantar, quizás con una clavícula o una costilla rota, quizás ensangrentados, con una herida abierta, con el maillot o el culote destrozado, pero os levantaréis y acabaréis la carrera ¡Qué duro es este deporte!

Ahora que de nuevo se alza el telón y vais a echar rodar, que sepáis que tenéis todo nuestro apoyo. A todo el pelotón. A todos los que formáis la serpiente multicolor, los líderes, los gregarios, los escaladores, los sprinters y los rodadores, los que ya estáis fuertes, los que lo estaréis más adelante, a los altos y a los bajos, todos, para nosotros sois GIGANTES.

(Publicado en PDL-PRO)


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viernes, 11 de noviembre de 2011

"Guía de Colls de Catalunya, Andorra i Balears"


No podemos dejar pasar la oportunidad de felicitar a nuestro amigo Frederic Ràfols por la publicación de su segundo libro. Después de acercarnos al mundo del cicloturismo y los cicloturistas y mostrarnos gran parte de los principales puertos de montaña del mundo con su "En bicicleta por los puertos", ahora "para deleite de todos los que disfrutamos pedaleando por todos los rincones inclinados del país", nos trae esta maravillosa "Guía de Colls de Catalunya, Andorra i Balears" publicado por la Editorial Cossetània, 240 páginas en las que Ràfols consciente del anhelo de subir montañas de buena parte de ciclistas y cicloturistas, hace una descripción exhaustiva de las carreteras pavimentadas y en subida del país, mostrando la altitud, longitud, porcentaje medio y máximo, desnivel y grado de dificultad, teniendo en cuenta la toponimia oficial y la pertenencia a la Xallenge europea del BIG o a la ibérica del CIMA. En el centenar de subidas que se incluyen en estos dos últimos listados se adjunta la gráfica del relieve y, en todos los casos, la página web en la cual se puede encontrar la fuente o mayor información.
La presentación del libro fue a cargo del presentador y Director de Teledeporte TVE, Carlos de Andrés, el pasado viernes 11 de noviembre en la Biblioteca Armand Cardona de Vilanova i la Geltrú.
Indispensable para "grimpeurs".


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